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THE WORLD’S BEST — #011 | NAOSHIMA, JAPÓN

THE WORLD’S BEST — #011 | NAOSHIMA, JAPÓN

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Hay destinos de lujo que ofrecen hoteles extraordinarios, otros que concentran gastronomía, naturaleza o patrimonio y unos pocos que consiguen algo mucho más difícil: convertir todo un territorio en una experiencia cultural irrepetible. Naoshima, en el mar Interior de Seto, pertenece a esta última categoría. La isla japonesa ha construido durante más de tres décadas un ecosistema donde arte contemporáneo, arquitectura, paisaje, hospitalidad y vida local se mezclan hasta hacer imposible separar una cosa de otra. El resultado no es un parque artístico ni un destino creado para el consumo rápido. Es un lugar que obliga a desplazarse despacio, reservar, caminar, observar y entender que parte del valor reside precisamente en aquello que no puede hacerse de inmediato.

Su transformación tiene en Tadao Ando a uno de sus grandes protagonistas. Benesse House Museum abrió en 1992 como una combinación radical de museo y hotel, construida sobre una colina frente al mar y concebida alrededor de la coexistencia entre naturaleza, arte y arquitectura. Años después llegaría Chichu Art Museum, construido mayoritariamente bajo tierra para alterar lo mínimo posible el paisaje y donde obras de Claude Monet conviven con instalaciones de James Turrell y Walter De Maria bajo una arquitectura que utiliza la luz natural como parte de la experiencia. Dormir en Benesse House añade otra dimensión: cuando desaparecen los visitantes del día, el huésped permanece dentro de un museo, rodeado de obras concebidas específicamente para el edificio y el entorno. En el Oval, accesible únicamente para quienes se alojan allí, el horizonte del Setouchi se convierte prácticamente en una pieza más de la colección.

Naoshima ha seguido evolucionando en lugar de limitarse a proteger su propio éxito. El Naoshima New Museum of Art, inaugurado el 31 de mayo de 2025, es el décimo proyecto arquitectónico de Tadao Ando para Benesse Art Site Naoshima. El edificio se introduce parcialmente bajo una colina próxima a Honmura y conecta su arquitectura contemporánea con materiales y referencias de las viviendas tradicionales de la isla. Su programa amplía además la mirada hacia artistas de diferentes generaciones y países asiáticos, reforzando una ambición que va mucho más allá de reunir grandes obras en un lugar remoto: construir una plataforma cultural capaz de continuar evolucionando durante décadas.

Pero quizá lo más excepcional de Naoshima se encuentre fuera de los grandes museos. El Art House Project, iniciado en 1998, transforma antiguas viviendas y edificios de Honmura en obras integradas dentro de un barrio que continúa habitado. El visitante no entra en un recinto cultural separado de la vida cotidiana: camina por calles, pasa junto a viviendas, pequeños jardines y templos y descubre las intervenciones artísticas dentro de la propia estructura de la comunidad. El arte deja de ser algo que se contempla exclusivamente dentro de un museo para convertirse en una forma de recorrer un territorio.

A ello se suma una concentración extraordinaria de nombres fundamentales del arte contemporáneo. Yayoi Kusama, con sus célebres calabazas convertidas ya en símbolos visuales de Naoshima; Hiroshi Sugimoto, Lee Ufan, James Turrell, Walter De Maria y numerosos artistas japoneses e internacionales forman parte de un paisaje cultural que no podría trasladarse simplemente a otra ciudad. Muchas obras fueron concebidas específicamente para su relación con el mar, la arquitectura, la luz o la geografía de la isla. Separarlas de Naoshima significaría alterar aquello que les da sentido.

Ésta es precisamente una de las razones por las que Naoshima resulta tan relevante para comprender el futuro del lujo cultural. El verdadero valor no procede de concentrar infinitos estímulos, sino de controlar excepcionalmente bien qué se muestra, dónde se muestra, cómo se descubre y cuánto tiempo requiere comprenderlo. Naoshima no intenta competir con París, Londres o Nueva York mediante el número de obras. Utiliza exactamente lo contrario como ventaja: distancia, silencio, escala humana y dificultad de acceso.

La arquitectura de Tadao Ando lleva esa idea todavía más lejos. Hormigón, geometría, vacío y luz aparecen una y otra vez, pero casi nunca para competir con el territorio. Chichu se introduce bajo tierra. Benesse House sigue la topografía. El Lee Ufan Museum aparece parcialmente enterrado entre colinas y mar. La arquitectura parece asumir que el paisaje ya era extraordinario antes de que llegara el arquitecto. Ésa es una forma de sofisticación especialmente relevante para el ultra lujo: saber cuándo añadir y, sobre todo, cuándo retirarse.

Incluso la hospitalidad forma parte del proyecto cultural. Alojarse en Benesse House significa dormir literalmente dentro de un museo. Cuando termina el horario público, determinados espacios adquieren una intimidad completamente diferente y el huésped experimenta la colección sin la densidad habitual de visitantes. Esta transformación del museo en residencia temporal introduce una forma extraordinariamente avanzada de exclusividad: no poseer necesariamente la obra, sino disponer durante unas horas de una relación privilegiada con ella.

Aquí aparece una de las grandes evoluciones del coleccionismo y del lujo cultural. Una persona con suficiente patrimonio puede comprar una obra importante cuando llega al mercado. Mucho más difícil es comprar contexto. No puede adquirirse por separado la luz del Setouchi, una arquitectura diseñada alrededor de una obra, décadas de patronazgo, una comunidad local, la relación entre diferentes artistas y el tiempo necesario para que un lugar construya identidad. Naoshima convierte precisamente ese contexto en su principal activo.

También existe una extraordinaria lección empresarial detrás del proyecto. Benesse y la Fukutake Foundation han demostrado que la inversión cultural a largo plazo puede contribuir a transformar territorios periféricos y generar una nueva economía alrededor del arte, la arquitectura y el turismo cultural. El valor no se creó mediante una campaña de marketing destinada a posicionar rápidamente una isla. Se construyó durante décadas, proyecto tras proyecto, arquitecto tras arquitecto y artista tras artista. En el nivel más alto de la excelencia, el tiempo vuelve a aparecer como una ventaja competitiva que no puede comprarse retrospectivamente.

Naoshima merece formar parte del LUXONOMY Atlas of Excellence — 30th Anniversary Edition 2027 porque representa una forma de lujo que será cada vez más valiosa: acceso a lugares con identidad propia, cultura que exige tiempo, arquitectura que no necesita imponerse y experiencias imposibles de trasladar a otro lugar sin destruir aquello que las hace excepcionales. En una industria acostumbrada a medir el lujo mediante metros cuadrados, estrellas, precios o servicios, Naoshima introduce otra unidad de medida: profundidad. No es un destino al que se viaja para verlo todo. Es un lugar al que se viaja para aprender a mirar de otra manera.


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