El lujo acelera su expansión en el segmento de ultraricos

Editor at LUXONOMY™Group. Business Development.
El sector del lujo está viviendo una reconfiguración profunda impulsada por un cambio claro en la estructura de la demanda: el peso creciente de los clientes de muy alto patrimonio, conocidos como ultra wealthy o UHNWI (Ultra High Net Worth Individuals). Este grupo, compuesto por personas con más de 30 millones de dólares en activos invertibles, se está consolidando como el principal motor de crecimiento del lujo global, redefiniendo tanto la oferta como el posicionamiento estratégico de las grandes casas.
Actualmente, se estima que existen más de 400.000 individuos ultra ricos en el mundo, y su patrimonio agregado supera los 45 billones de dólares. A este grupo se suman aproximadamente 2,5 millones de HNWI (High Net Worth Individuals) con patrimonios superiores a 5 millones de dólares, que también muestran patrones de consumo muy alineados con el lujo extremo. En conjunto, aunque representan menos del 1% de la población mundial, concentran cerca del 30% del gasto total en lujo personal.
El mercado global del lujo personal, que supera los 370.000 millones de euros, depende cada vez más de este segmento. Diversos análisis del sector indican que alrededor del 2% de los clientes —los más ricos— generan entre el 35% y el 40% de las ventas totales. Esta concentración del consumo está obligando a las marcas a replantear sus estrategias, orientándolas hacia una ultra-exclusividad que va más allá del producto.
Una de las principales características de este segmento es su baja sensibilidad a los ciclos económicos. Mientras que el consumidor aspiracional reduce su gasto en momentos de incertidumbre, los clientes ultra ricos mantienen e incluso incrementan su consumo. Durante periodos recientes de volatilidad económica global, el gasto de los UHNWI en lujo ha seguido creciendo a tasas superiores al 8% anual, frente a la desaceleración observada en otros segmentos.
Este cambio está impulsando una transformación en la oferta. Las grandes casas de lujo están priorizando productos de altísimo valor añadido, con precios que pueden superar con facilidad los seis o siete dígitos. En relojería, piezas únicas o ediciones limitadas pueden alcanzar precios superiores al millón de euros. En alta joyería, las grandes maisons están registrando crecimientos de doble dígito, impulsados por piezas exclusivas que funcionan tanto como objetos de deseo como activos de inversión.
En el ámbito de la moda, el concepto de “clienteling” ha evolucionado hacia una hiperpersonalización. Las marcas desarrollan relaciones directas con sus clientes más valiosos, ofreciendo acceso prioritario a colecciones, diseños a medida y experiencias privadas. Un cliente ultra rico puede tener un asesor dedicado, acceso a ateliers exclusivos y la posibilidad de encargar piezas únicas diseñadas específicamente para él.
Las experiencias se han convertido en otro eje clave. Viajes privados, eventos cerrados, desfiles exclusivos y acceso a espacios restringidos forman parte de una estrategia que busca reforzar el vínculo emocional con el cliente. El lujo ya no se limita a la adquisición de productos, sino que se extiende a vivencias que no pueden replicarse ni escalarse. En este contexto, el valor percibido se basa en la rareza, el acceso y la personalización.
La geografía del lujo también está cambiando. Asia, y especialmente China, sigue siendo un mercado clave, pero el crecimiento del segmento ultra rico se está acelerando en regiones como Oriente Medio, India y el sudeste asiático. Se estima que el número de UHNWI en India crecerá más de un 50% en la próxima década, mientras que en Oriente Medio el aumento de riqueza privada está impulsando un consumo intensivo de lujo extremo.
En paralelo, el lujo está integrando nuevas dimensiones como la inversión. Cada vez más clientes ultra ricos consideran determinados productos de lujo —como relojes, arte, vino o automóviles clásicos— como activos capaces de preservar valor o incluso revalorizarse. El mercado de relojes de colección, por ejemplo, ha experimentado revalorizaciones medias superiores al 10% anual en determinadas referencias durante la última década.
Desde el punto de vista empresarial, esta evolución está teniendo un impacto directo en los márgenes. Los productos dirigidos al segmento ultra rico presentan niveles de rentabilidad superiores debido a su alto precio y a su menor elasticidad de demanda. Esto está llevando a las marcas a reducir su dependencia del volumen y a centrarse en el valor, elevando precios y limitando la producción para reforzar la exclusividad.
Al mismo tiempo, la digitalización está jugando un papel estratégico. Aunque el cliente ultra rico sigue valorando la relación personal, las herramientas digitales permiten gestionar mejor la información, anticipar preferencias y ofrecer experiencias más personalizadas. Plataformas privadas, invitaciones digitales exclusivas y servicios de concierge digital están redefiniendo la interacción entre marca y cliente.
Sin embargo, este enfoque también implica riesgos. La concentración excesiva en el segmento ultra rico puede alejar a los consumidores aspiracionales, que históricamente han sido una base importante del crecimiento del lujo. Las marcas deben equilibrar cuidadosamente su estrategia para mantener su imagen aspiracional sin perder su esencia de exclusividad.
En este contexto, el lujo está evolucionando hacia un modelo más cerrado, selectivo y centrado en relaciones a largo plazo con un número reducido de clientes. La escala deja de ser el principal objetivo y se sustituye por la profundidad del vínculo y el valor generado por cliente.
El auge del segmento ultra rico no es una tendencia coyuntural, sino una consecuencia directa del aumento global de la riqueza y de su creciente concentración. A medida que este fenómeno continúe, el lujo seguirá adaptándose, redefiniendo sus códigos y elevando sus estándares.
El futuro del sector no estará determinado por cuántos clientes tenga una marca, sino por la calidad de su relación con aquellos que realmente concentran el poder de compra. Y en ese escenario, el segmento ultra wealthy se consolida como el eje sobre el que gira la nueva economía del lujo.
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