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La hipertensión

La hipertensión

Durante los últimos años la prevalencia de hipertensión en las personas de edad avanzada ha aumentado de forma considerable y significativa. De hecho, la tasa de ancianos hipertensos se sitúa en estos momentos en torno al 70%-80%. A pesar de que la hipertensión no puede ser curada de forma definitiva, existen una serie de comportamientos que pueden adoptarse para prevenirla y para, en definitiva, mejorar nuestra calidad de vida. Y recuerda: el problema de hoy no radica en ser hipertenso, sino en ignorarlo.

La hipertensión arterial, el término médico para la presión arterial alta, es conocida como ‘la muerte silenciosa’. La sangre que sale del corazón, a través de una red de arterias, venas y capilares, empuja contra las paredes de las arterias y esta fuerza se mide como presión arterial. Ésta es ocasionada por un estrechamiento de unas arterias muy pequeñas denominadas ‘arteriolas’ que regulan el flujo sanguíneo en el organismo. A medida que estas arteriolas se estrechan o contraen, el corazón debe aumentar su esfuerzo para bombear la sangre a través de un espacio más reducido, por lo que la presión dentro de los vasos sanguíneos aumenta.

Los criterios para establecer los límites de normalidad de la presión arterial en las persona mayores son los mismos que en el resto de la población. El baremo de regularidad está entre menos de 130 mmHg sistólico (presión mientras el corazón late) y menos de 85 diastólico de mmHg (presión mientras el corazón se relaja). Los médicos dirán que la presión arterial ha alcanzado cotas demasiado altas cuando sea de 140/90 mmHg o superior.

El peso de la ignorancia:

En la actualidad, la medicina cuenta con tratamientos muy eficaces y con muy pocos o nulos efectos adversos que pueden controlar esta enfermedad. Sin embargo, el problema radica en el hecho de que más de la mitad de los hipertensos ignoran su condición, de la misma forma que se estima que sólo uno de cada diez enfermos de hipertensión tiene su presión arterial tratada y controlada.

El hecho de que los pacientes mayores estén tratados con varios fármacos aumenta los riesgos de que se produzcan interacciones entre los mismos y los efectos secundarios. Se trata de pacientes con una serie de alteraciones en el corazón y en los vasos sanguíneos ligada a la edad, que dificulta en buena medida el control exhaustivo de la enfermedad en estos pacientes tan especiales. Por ello, es imprescindible llevar a cabo controles periódicos y, de padecer la enfermedad, combinar el tratamiento prescrito por su médico con ejercicio físico y una dieta saludable.

Dieta DASH:

La alimentación juega un papel importante tanto en la prevención como en el control de la hipertensión. Una alimentación equilibrada, alternada con ejercicios de forma habitual, adecuada a las características propias de cada persona, y unas modificaciones vitales que consigan eliminar los tóxicos a la vez que reducir el estrés pueden contribuir a solucionar muchos problemas de hipertensión.

La dieta más adecuada para el tratamiento y prevención de la hipertensión es la conocida como dieta DASH (Enfoque Dietético para la Detención de la Hipertensión), nacida como resultado de un estudio llevado a cabo por un grupo de científicos estadounidenses. Esta dieta se basa en la ingesta de 2.000 calorías procedentes de alimentos ricos en calcio, potasio y magnesio, haciendo especial hincapié en la reducción de las carnes rojas, los dulces y las bebidas que contienen azúcar.

La dieta DASH recomienda:

  • Cuatro o cinco raciones de verduras al día: entre los vegetales más recomendados se encuentran los especialmente ricos en magnesio, potasio y fibra. Entre ellos tenemos los guisantes, la calabaza, patatas, etc.
  • Cuatro o cinco raciones de frutas al día: escoge entre melocotones, ciruelas, piña, albaricoques, plátanos o uvas
  • Unas ocho raciones diarias de cereales vegetales: arroz, avena, trigo integral, pan integral, etc.
  • Dos o tres raciones diarias de productos lácteos desnatados o bajos en grasas: leche desnatada, queso bajo en grasa o desnatado y el yogur desnatado
  • Dos raciones como máximo de pollo, pescado o alguna carne roja
  • Cuatro raciones semanales de semillas, frutos secos o legumbres: nueces, almendras cacahuetes, guisantes, lentejas o alubias
  • Dos o tres raciones diarias de grasas
  • Cinco raciones de dulces a la semana

Evitar para prevenir

Al igual que existen alimentos cuyo consumo contribuye a la prevención de la hipertensión, también hay alimentos que debemos reducir o eliminar para evitar el riesgo de padecer hipertensión:

  • Alimentos ricos en sodio: la sal es uno de los enemigos más peligrosos de la hipertensión. Contribuye a que el organismo retengas más líquidos y esto provoca que aumente de forma considerable la presión sobre las arterias. Para evitar al máximo su consumo, te proponemos que evites sazonar los alimentos con sal y que emplees en su lugar romero, laurel, albahaca, etc.
  • Evita el uso de carnes ahumadas o curadas: panceta, tocino, mortadela, salami, sardinas, atún, etc.
  • Elige alimentos frescos o bien congelados
  • Controla la ingestión de quesos eligiendo los que tengan ninguna o poca sal y poca grasa
  • Evita las salsas que tengan sal
  • Intenta no usar vegetales en salazón como pepinillos y aceitunas
  • Alimentos ricos en grasas saturadas
  • Alcohol
  • Alimentos ricos en azúcar y glúcidos: pastas, caramelos, postres dulces, etc.

Signos y síntomas

  • Mareos
  • Dolor de cabeza
  • Confusión o pérdida de sensibilidad en extremidades por la afectación cerebral
  • Tos sanguinolenta o respiración entrecortada, por daño en los pulmones
  • Hemorragias nasales
  • Pérdidas bruscas de visión
  • Fallo tanto de los riñones como de otros órganos vitales por deficiencias en la circulación a los respectivos órganos

Factores de riesgo

  • Edad superior a 60 años
  • Obesidad
  • Tabaquismo
  • Estrés
  • Alcoholismo
  • Exceso de café y de otras bebidas estimulantes (elevado porcentaje en cafeína)
  • Dieta rica en grasas y/o sal
  • Vida sedentaria
  • Antecedentes familiares de infarto o hipertensión
  • Uso de ciertos medicamentos: píldoras anticonceptivas, esteroides, supresores del apetito y descongestionantes nasales
  • Niveles altos de colesterol o lípidos
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